¿Líder o jefe?

Vamos a hablar en esta ocasión de algunas de las características que debería tener un líder. Probablemente te des cuenta de que ser jefe no tiene absolutamente nada que ver con ser un líder en el entorno de trabajo.

Si eres director de un negocio o de un departamento, puede que alguno de estos datos te abra los ojos ante la idea de que a veces el conocimiento técnico o el coeficiente intelectual no lo son todo para que tus empleados o simplemente tus compañeros de trabajo estén encantados de apoyarte en tus propuestas y colaborar contigo en cualquier proyecto que emprendáis en la empresa.

El jefe del siglo XX

Echando la vista atrás, creo que mucha gente de mi generación creció con la imagen de ese jefe antipático, con traje y corbata, con un despacho en lo más alto o lo más profundo de la empresa, ajeno al desarrollo de sus trabajadores y enfocado sólo en los resultados de esa gran maquinaria que es una empresa. Me vienen a la cabeza imágenes de películas para niños que veía en mi infancia que ayudaban a crear esa imagen de lo que es un jefe, de lo que es una empresa, de lo que es trabajar.

Es probable que esta imagen se asemeje todavía hoy a la realidad de muchas empresas desarrolladas y todavía ancladas en el siglo XX, en ese siglo XX heredero de la Revolución Industrial y de las técnicas alienantes de Henry Ford. Cuando tu empleado no es más que una máquina más de tu cadena de producción, parece que se hace normal tratarlo como esa máquina, como un ser inerte sin emociones.

Mientras escribo esto pienso: “cuando esas películas para niños reflejaban así a los jefes, ¿pretendían parodiar algo que debería dejar de existir o pretendían apaciguar a las mentes todavía en desarrollo de esos niños para acostumbrarlos y concienciarlos de que ése era su futuro?”. La verdad es que no estoy seguro, pero dejémonos de teorías de la conspiración.

El siglo XX terminó hace 20 años. Durante ese siglo la conciencia social, la psicología, el estudio del cerebro, de las emociones y de la relación de las personas con su entorno de trabajo ha cambiado, ha avanzado enormemente. Todos tenemos acceso a los datos, a los libros, los estudios, las charlas que han demostrado que para que un buen jefe sea también un buen líder tiene que irse al extremo contrario de ese jefe que sólo veía máquinas en las personas que trabajaban para él.

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Un jefe no es un líder y un líder no es un jefe

 

Diferencia entre un jefe y un líder

Seas jefe o no, aspires a serlo o no, debes saber que la capacidad de liderazgo no tiene nada que ver con los conocimientos técnicos o el coeficiente intelectual. Un líder es simplemente una persona consciente de si mismo, consciente de los demás y sabe poner esa consciencia en práctica a la hora de gestionar sus relaciones. Nada más y nada menos.

Dividamos y desarrollemos un poco más estos tres conceptos:

Consciencia de uno mismo

Un buen líder debe tener capacidad de autoevaluación constante, ser consciente de sus fortalezas y debilidades, tanto a nivel técnico como emocional, y de tomar la actitud de mejorarse a sí mismo continuamente. Esta autoconsciencia debería derivar además en una gran capacidad de delegación de tareas, de transparencia y de adaptabilidad en el entorno cambiante de una empresa. Este tipo percepción de uno mismo y del entorno, si no viene dada gracias a nuestra experiencia y educación, se consigue con tiempo y con estudio.

Sin embargo, una vez se logra, genera automáticamente un gran optimismo, iniciativa y orientación a resultados. Tres facetas que inevitablemente harán que esa persona sea un modelo a seguir, una persona que tener cerca, un líder.

Comprensión de las personas

De la misma manera que un líder se evalúa a si mismo y al entorno de la empresa, también debe hacerlo con las personas que le rodean en su trabajo, tanto compañeros como clientes. La empatía, la comprensión de las preocupaciones y objetivos, junto al análisis de las fortalezas y las preocupaciones de las personas, permiten que uno pueda alinearse con los seres humanos que le rodean y crear así los mejores tejidos sociales que permitan que todos alcancen sus metas, insisto, sean compañeros o sean clientes de nuestra empresa.

De este modo, se mejoran irremediablemente el ambiente laboral, la actitud de los trabajadores, el servicio que prestamos y, por último, la satisfacción de nuestros clientes y la percepción que estos tienen de nuestra empresa.

Gestión de relaciones

Comprenderse a uno mismo y comprender a los demás. Tras ello, utilizar ese conocimiento para tomar las decisiones y proponer los cambios que beneficien a todos. ¿Qué conseguimos así? Conseguimos servir de inspiración, ser un ejemplo, ayudar a los demás a resolver sus conflictos internos o con otras personas y ayudar a otros a alcanzar sus objetivos como profesionales o como clientes, haciendo que se sientan parte de un todo.

Un buen líder se interesa de forma auténtica y sincera por todas las personas que le rodean y ayuda a forjar relaciones fructíferas y duraderas para todos. Esto es porque el interés común pasa por entretejer una fuerte red que trabaje por un objetivo global y satisfactorio. Ser el artífice de esa red gracias a la comprensión y el interés real por todas las personas implicadas, incluyéndose a uno mismo, es el tercer y último pilar del liderazgo.

 

Un líder para cada situación

Una vez olvidada la figura de aquel jefe odioso del siglo XX que de ningún modo era un líder, quizá nos pongamos a pensar en personas que conocemos y consideramos líderes. Obviamente, es posible que no se parezcan mucho entre ellas. Obviamente hay diferentes tipos de líderes pero el líder ideal es el que alcanza un equilibrio gracias a esos tres puntos de los que hablábamos más arriba.

Como decíamos, es importante saber adaptarse a las diferentes circunstancias de la empresa y del entorno laboral. Esa adaptación implica que, en función de la situación, será necesario tomar una actitud u otra. Aquí algunos ejemplos:

  • Tomar la iniciativa cuando todos los demás dudan ante diferentes opciones a priori igual de válidas.

  • Pararse y escuchar a todos los implicados para recopilar datos y poder elaborar y proponer la mejor decisión.

  • Escuchar a todos, para tomar esta vez el camino que la mayoría considere adecuado.

  • Ayuda a las personas a poner en orden sus emociones y objetivos para ayudarlas a tomar el mejor camino.

  • Gestionar cierto nivel de presión hacia sus compañeros para obtener los mejores resultados.

Liderazgo y gestión de la presión

El último ejemplo que damos (gestión de cierto nivel de presión) es sin duda el que refleja la situación más delicada y difícil de resolver si nuestro objetivo es la plena satisfacción de todos los implicados. Se trata de esa situación en la que la única manera de alcanzar los resultados que exigen las circunstancias es poniendo cierto nivel de presión sobre los trabajadores o compañeros, ya sea por temas de calidad, cantidad o tiempo.

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Está demostrado, y todas las personas lo hemos experimentado, que se alcanzan mejores resultados trabajando bajo cierta presión

Es posible que lo hayas experimentado cuando estudias para un examen o trabajas en un proyecto relajadamente durante semanas y, de repente, cuanto más se acerca la fecha de la prueba o de la entrega, tu rendimiento se incrementa de forma exponencial para alcanzar los resultados necesarios. En este caso, es el tiempo el que añade presión a la situación pero, como decíamos, en otras ocasiones puede ser la calidad o cantidad exigida en los productos y servicios que genera nuestra empresa o simplemente en los resultados esperados de un proyecto.

El líder es muy consciente de que hay una muy estrecha relación entre el nivel de presión y el alcance de resultados. Por ello debe saber manejar la presión con inteligencia y situarla en el punto perfecto en cada momento.

 

Fluidez. Entre el aburrimiento y el estrés

La presión puede moverse entre dos extremos. El más bajo es el del aburrimiento, donde nuestro rendimiento es bajo por falta de motivación.

El extremo opuesto es el del estrés, donde está demostrado que nuestro cerebro se bloquea, se centra en los estímulos negativos de la situación y huye de ese estado ideal de fluidez en el que nuestro rendimiento es óptimo.

Como líderes, debemos saber gestionar nuestros objetivos y a nuestro equipo para equilibrar esa balanza del aburrimiento y el estrés.

Se daría así la circunstancia de la fluidez social, en la que no sólo ciertos individuos alcanzan el nivel óptimo de rendimiento y satisfacción, sino que lo hace esa fuerte red que hemos ido entretejiendo como líderes. Además, como gracias a la gestión de las relaciones, nos hemos asegurado de que todas las personas sean conscientes y se sientan partícipes de esa fluidez social, el éxito es máximo.

Cerrando el círculo...

El objetivo de un líder es el máximo rendimiento y satisfacción de sí mismo y de las personas que trabajan con él. Nada tiene que ver con ser jefe, ya que ese papel lo puede adquirir cualquier persona con un poco de trabajo.

  • Trabaja en tu autoconsciencia.

  • Aprende a reconocer las emociones de los demás.

  • Mejora tus relaciones y las de los que te rodean con actitudes que ayuden a generar una fuerte red entre las personas implicadas en tu trabajo o proyectos.

  • Alcanza resultados y satisfacción óptimos.

En resumen

El objetivo de un líder es el de comprender de forma auténtica a todas las personas que participan en una determinada actividad, incluyéndose a si mismo, saber tomar la actitud adecuada cada vez que la situación lo exija y trabajar para que todas las personas alcancen la máxima armonía. Así, se alcanza finalmente el rendimiento y satisfacción óptimas mediante la fluidez social.

Si quieres profundizar en este tema, te recomiendo leer "Liderazgo. El poder de la inteligencia emocional" , escrito por Daniel Goleman.

¿Y tú? ¿Crees que eres un jefe o un líder? ¿Te atreverías a preguntárselo a tus empleados o compañeros? ¡Suscríbete y déjame tus comentarios aquí abajo!


¿Y yo quién soy para estar contándote esto?

Soy Sergio López, fotógrafo de interiores y arquitectura. Aunque no soy ningún experto, soy un devorador de libros de Marketing, Psicología o Finanzas. Si a mí me ayudan a desarrollar mi vida y mi negocio, creo que a ti también te ayudarán.