La importancia de marcarse metas

Una multinacional, una pequeña empresa o una persona que no comprende la importancia de marcarse metas es como un pollo sin cabeza corriendo por el mundo. Y cuando decimos marcarse metas no hablamos de metas como crecer, hacer rentable mi empresa o llegar a muchos clientes con un determinado proyecto. Hablamos de metas concretas, con nombres y apellidos. Ya comentaba brevemente este concepto en mi anterior post sobre la definición de tu cliente ideal . Ahora vamos a desarrollarlo un poco.

He hecho una rápida búsqueda en Google y en medio minuto he descubierto que la diferencia entre metas y objetivos aún no está muy bien comprendida por la humanidad (o al menos por Google), de modo que es posible que aquí hablemos de metas y objetivos indistintamente. Digamos que hablaremos de algo a lo que queremos llegar.

Objetivos SMART

Últimamente se habla mucho de objetivos SMART a la hora de tratar este tema. Los objetivos SMART utilizan estas siglas en inglés para definir objetivos con estas características:

Specific (Específico)

Measurable (Medible)

Achievable (Alcanzable)

Realistic (Realista)

Time-based (establecido en el Tiempo)

Esto viene a decir que esas metas con nombres y apellidos de las que hablábamos son metas perfectamente definidas en cuanto a cantidad y tiempo, además de ser realistas y alcanzables con tus recursos actuales y previstos.

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Es peligroso pensar que una vez definidas nuestras metas ya tenemos todo el trabajo hecho

¿Y ahora qué?

Muchas personas comprenden la importancia de marcarse metas y lo llevan a cabo a la hora de iniciar un proyecto, un negocio o un periodo concreto en su empresa. El error es creer que, como ya nos hemos sentado a pensar y hemos hecho nuestras matemáticas, es suficiente para poder ponerse a pelear por nuestros objetivos.

Desgraciadamente no es así. Las matemáticas continúan. Una vez establecidas nuestras metas, hay que pasar a la continua labor de control y análisis.

Recopilación de datos

Continuamente debemos estar recogiendo datos de todo lo que afecta a nuestros objetivos. De ahí que tengan que ser medibles. Y de nuevo no debemos cometer el error de quedarnos sólo en este paso.

Establezco mis metas y recojo datos, genial. ¿Está todo controlado? ¡No, no lo está! De nada sirve recoger datos si no los analizas y tomas decisiones en base a ellos.

Análisis de los resultados

De ahí la importancia del tercer paso, el análisis. Cuando estamos definiendo nuestras metas debemos planificar también cuándo y cómo vamos a pararnos a analizar los datos y resultados que hemos ido recopilando para poder tomar las decisiones adecuadas y llevar a cabo los cambios necesarios para volver a nuestro camino.

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El último paso, o más bien hábito, es el de la toma de decisiones, el de la redefinición de nuestra estrategia para alcanzar o superar por fin aquellos objetivos que habíamos establecido al principio.

¿Cómo saber si lo estamos haciendo bien?

Lo lógico es tener una previsión de futuro de nuevo realista. Y, por desgracia, la realidad es que el futuro es imposible de prever. Por esta razón se suelen establecer 3 escenarios, uno optimista, otro pesimista y digamos que otro normal, estable, esperable.

Una vez definidos estos tres escenarios, es muy aconsejable definir de antemano qué decisiones vamos a tomar en función de cada escenario.

¿Qué pasa si nos va mal? ¿Qué decisiones tomaremos en caso de que nuestro plan de negocio que tantas horas nos llevó definir no era el adecuado? ¿Qué pasa si nuestro proyecto es perfecto pero hay una crisis económica o un tornado que arrasa tu fábrica o arruina a tus clientes?

Suena muy lógico que hay que pararse pensar en ese escenario pesimista pero también hay que tener en cuenta el escenario contrario. Seguro que en más de una ocasión has escuchado la expresión “morir de éxito”. Suena surrealista pero si esa expresión existe es porque es real. Se puede entender con un ejemplo muy sencillo

Imagina que abres un bar y contratas a un par de camareros para atender tu local. De repente tu bar tiene un éxito desmesurado de la noche a la mañana por razones que no fuiste capaz de prever. Tu bar está llenísimo y no puedes pensar más que en todo lo que vas a enriquecerte. Pero resulta que no tienes la agilidad para contratar a más personal cualificado o a aumentar tus pedidos o contactar con más proveedores para mantener tu almacén lleno. Una noche, algunos clientes te piden sus bebida favorita y tu falta de previsión hace que se te agote. Otros clientes se cansan de esperar a ser servidos porque tus dos camareros están muy ocupados tratando con ese cliente que se queja porque no tienes su bebida favorita. Esos clientes corren la voz de que tu servicio no es el mejor, la gente empieza a hablar mal de tu local y, mientras tanto, se abre otro bar frente al tuyo. El responsable del bar de enfrente sí predijo la situación más optimista y entonces toma las medidas adecuadas para dar un buen servicio sea cual sea la circunstancia. Todos tus clientes se van a ese local. Empiezas a perder dinero y tienes que cerrar.

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Has muerto de éxito

La importancia del control

David Rubert, en su libro "La cuenta, por favor", nos comenta de forma directa el siguiente concepto: si tienes un negocio o estás desarrollando un proyecto a largo plazo y no estás haciendo nada parecido a lo que hemos descrito hasta ahora no puedes decir que tienes el control. Puede que las cosas te vayan bien pero si te dices que tienes todo bajo control te estás engañando. La suerte y tus buenos productos no son suficientes para sobrevivir.

Practica la excelencia en tus productos y servicios pero no olvides hacerlo también en tus planes y en tu productividad.
 
  • Define metas realistas que puedas medir

  • Establece un sistema de recopilación de datos

  • Crea un plan de análisis y actuación

En resumen

En cualquier negocio o proyecto la importancia de crearse metas es similar a la de ofrecer un buen producto o servicio. Si no lo entendemos y llevamos a cabo las acciones pertinentes, perderemos el control de nuestro negocio. Por ello es crucial definir unas metas realistas y llevar a cabo los ejercicios de control y análisis necesarios para llegar a esas metas.

En mi opinión, como ya decía al principio, sea cual sea el tamaño de una empresa o la magnitud de un proyecto, es crucial sentarse a hacer números. Es posible que, para mucha gente, todo esto se haga muy cuesta arriba y tienden a centrarse en lo que más les gusta, que suele ser la parte del producto/servicio o la atención al cliente. Aun así, es importante ser consciente de que sin metas y sin análisis de resultados, es imposible controlar un negocio. Si además todas estas metas son económicas, es posible que necesites ayuda, asesoramiento de un profesional o simplemente formación.

¿Y tú? ¿Te estás marcando metas en tu negocio o proyectos? ¿Qué vas a hacer hoy para definir, analizar y cambiar tus metas? ¡Suscríbete y déjame tus comentarios aquí abajo!


¿Y yo quién soy para estar contándote esto?

Soy Sergio López, fotógrafo de interiores y arquitectura. Aunque no soy ningún experto, soy un devorador de libros de Marketing, Psicología o Finanzas. Si a mí me ayudan a desarrollar mi vida y mi negocio, creo que a ti también te ayudarán.