Arruina tu vida profesional en dos días

¿Sabías que dos días de malas experiencias en el trabajo son suficientes para que tu cerebro olvide 5 años en un puesto maravilloso? El cerebro no registra del mismo modo las experiencias del presente y los recuerdos del pasado y eso puede llevarnos a tomar decisiones absurdas.

Hoy te voy a hablar de otro de nuestros fallos psicológicos, el de la confrontación de dos yo, el yo que experimenta y el yo que recuerda. Espero que la consciencia de este engaño de nuestra mente te ayude a tomar mejores decisiones en tu vida personal y profesional.

Hace unos días, mientras comía sushi barato con unos amigos, uno nos contó cómo después de pasar los que siempre describía como los mejores cinco años de su vida y de su carrera, al comentar en su empresa que los dejaba después de ese tiempo, pasó una semana horrible, en los que la actitud de sus superiores podría describirse simplemente como acoso laboral y maltrato psicológico. Él había recomendado a una amiga para su puesto en el mismo momento en que anunció que se marchaba. Incluso esa amiga llegó a entrevistarse con la empresa. Sin embargo, mi amigo la llamó al cabo de dos o tres día de vivir esa situación tan mala en el trabajo para decirle que ni se le ocurriese seguir adelante con el proceso de selección para la empresa, porque la tratarían fatal.

En dos días pasó de estar aconsejando a su amiga que trabajase en la empresa que le había regalado los mejores 5 años de su vida a decirle que huyese lo más lejos posible. ¿Tiene esto sentido? Veamos un experimento similar a esta situación.

Foto por   Gratisography   desde   Pexels

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El experimento de la mano fría

Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía, en su libro "Pensar rápido, pensar despacio" , describe un experimento (simplificado aquí) en el que un grupo de personas voluntarias eran sometidas a dos experiencias.

Experiencia A

Durante 60 segundos sumergían su mano en agua a 14º, temperatura molesta pero soportable. A continuación retiraban su mano.


Experiencia B

Sumergían su mano en agua a la misma temperatura. Al cabo de 60 segundos y sin que se les informase de ello, el agua se calentaba sólo 1º y pasaban 30 segundos más con la mano sumergida en agua a 15º, temperatura todavía molesta pero ligerísimamente menos desagradable. A continuación retiraban su mano.

Al cabo de un rato, se les preguntó a estas personas cuál de las experiencias les gustaría escoger y la gran mayoría escogió repetir la experiencia B, aun siendo objetivamente más larga y molesta. Ese momento agradable que sintieron cuando el agua se calentó un grado fue suficiente para convencerles de que había sido una experiencia mejor, aún teniendo que pasar 30 segundos más sintiendo las molestias del frío.

Como ves, aquí sucede lo contrario al episodio de mi amigo, aquí un breve pico agradable nos hace olvidar la lógica y preferir repetir una experiencia que, vista desde fuera, es más desagradable.

El poder de los recuerdos

La historia de mi amigo con 1 semana horrible que borra de su mente los mejores 5 años de su vida laboral o el experimento del agua con un final positivo que nos hace escoger una experiencia molesta más larga se deben las dos al mismo conflicto entre los dos yo: el yo que recuerda siempre es más poderoso que el yo que experimenta.

Esto se debe a que el cerebro, a la hora de experimentar algo, tiende a grabar de manera más profunda los picos puntuales de experimentación, sean negativos o positivos, y también los últimos momentos de una experiencia. Lo hace simplemente por supervivencia, por ahorrarte traumas o para que repitas experiencias supuestamente agradables. A la hora de recordar un trabajo, una relación, un viaje o un experimento como el del agua fría, el cerebro olvidará la experiencia global aunque haya sido especialmente buena o especialmente mala y se quedará sólo con los últimos momentos o con los más intensos.

El yo que experimenta no tiene voz, no te hablará de 5 años maravillosos, de la mejor relación del mundo o de que 60 segundos en agua fría son mejores que 90 segundos.

Sin embargo, el yo que recuerda, muchas veces se equivoca pero es el único que registra y ordena lo que aprendemos de la vida y el único que aparece a la hora de tomar una decisión.

Debido al funcionamiento de nuestra mente, del pasado aprendemos sólo a mejorar las cualidades de nuestros futuros recuerdos en lugar de tratar de mejorar nuestras futuras experiencias.

Conclusión...

Espero que sepas ver lo absurdo que puede llegar a ser nuestro subconsciente. La próxima vez que te pase algo parecido, intenta observar la situación y a ti mismo desde fuera, de forma objetiva, imagina que eres como los investigadores del experimento y no dejes que nadie, ni siquiera tu cerebro, te arruinen el recuerdo de una bonita experiencia.

Para aprender más sobre este tema, te invito a leer "Pensar rápido, pensar despacio" de Daniel Kahneman. Y si te apetece ahora seguir leyendo curiosidades sobre nuestro cerebro y la toma de decisiones, puedes echar un ojo a la serie de posts que escribí sobre neuromarketing .

¿Y a ti? ¿Crees que alguna vez te la ha jugado tu yo que recuerda? ¡Suscríbete y cuéntame tus experiencias por ahí abajo!


¿Y yo quién soy para estar contándote esto?

Soy Sergio López, fotógrafo de interiores y arquitectura. Aunque no soy ningún experto, soy un devorador de libros de Marketing, Psicología o Finanzas. Si a mí me ayudan a desarrollar mi vida y mi negocio, creo que a ti también te ayudarán.